Ya veníamos trabajando con Héctor Potenza en otros proyectos cuando decidió dar origen a su propia bodega.

Creamos una identidad pensada desde el gesto de la constancia, del trabajo sostenido, de la fuerza que se construye en el tiempo.

Diseñamos a partir de decisiones austeras y precisas: sobre relieve en cobre, papel cotton, lacre, papel de seda. Una paleta contenida, casi en monocromía, donde el color aparece solo cuando es necesario. Queríamos diálogar con el universo clásico del vino, pero anclados en el presente.